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La importancia de una rutina facial adecuada según tu tipo de piel

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Una piel cuidada empieza siempre por una rutina facial bien diseñada. No se trata de usar muchos productos, sino de utilizar los adecuados y en el orden correcto. Conocer tu tipo de piel es el primer paso para lograr resultados visibles y duraderos, evitando irritaciones, desequilibrios o tratamientos ineficaces.

La limpieza es la base de cualquier rutina. Eliminar impurezas, restos de maquillaje y contaminación permite que la piel respire y se regenere correctamente. En pieles secas o sensibles, conviene optar por limpiadores suaves que respeten la barrera cutánea, mientras que las pieles mixtas o grasas se benefician de fórmulas que regulen el exceso de sebo sin resecar.

La hidratación es igual de esencial, incluso en pieles grasas. Un error común es pensar que hidratar engrasa, cuando en realidad una piel deshidratada tiende a producir más sebo como mecanismo de defensa. Los productos de parafarmacia ofrecen texturas adaptadas a cada necesidad, desde geles ligeros hasta cremas nutritivas con activos reparadores.

Por último, no hay que olvidar la protección solar. El sol es uno de los principales responsables del envejecimiento prematuro y de muchas alteraciones cutáneas. Usar protector solar a diario, incluso en invierno, es uno de los gestos más efectivos para mantener una piel sana y protegida a largo plazo.

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